jueves, 19 de febrero de 2009

Reclamo interior

Estamos sentados dentro de un carro. No nos movemos, pero conversamos pausadamente. Al parecer el contexto no importa. Básicamente soñé una conversación que ahora intento reconstruir. Tal como lo narró Calvino en "La aventura de un automovilista", ella será Y, yo seré Yo (por estúpido que pueda sonar), y un tercero que será Z.

-No sé qué hacer... me siento incómoda cada vez que me besa- dice Y.
-Él es muy poco sensual, y en realidad no sé qué hacer- continúa Y refiriéndose a Z.

Yo, siento mucha ira, pero la escondo tras una expresión de seriedad. Aunque la deseo profundamente, adopto la posición de amigo consejero.

-¿Qué es lo que te molesta exactamente?- pregunto yo.
-El hecho de que no sepa cómo besarme.
-¿Y por qué sigues con él?
- Porque lo quiero.

La ira que acumulo se incrementa. Todo es muy gris. "Entonces por qué, si cada vez que la besaba hablaba de lo mucho que lo disfrutaba y le gustaba, no quiso darme ni siquiera una oportunidad", pienso mientras la sigo escuchando. La rabia me despierta. Despierto a mitad de la noche odiándola y deseándola; maldiciendo en silencio.

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