El tercer sueño de la noche es desconcertante. Camino por el corredor que lleva hacia la oficina donde trabajo e inesperadamente me encuentro con mi papá. Esa casualidad me llena de alegría. Lo invito a que conozca la oficina, lo que hago, la gente con la que me relaciono. En ese momento entra mi jefe, y siento la necesidad de presentárselo a mi papá. Siento que sería apropiado que mi jefe le contara lo buen empleado que he sido; y a la vez mi papá hablara de todas mis capacidades. Se saludan con un abrazo, y comienzan a hablar de golf y de la vida social que encierra el club del que son miembros. Están juntos y conversan.
Hora de almuerzo, salgo a encontrarme con mi mamá, como si hubiéramos tenido una cita previa. Vamos a un restaurante cercano y ordenamos lo que vamos a comer. Llega el mesero con el pedido, pero sirve un puesto de más. Me pregunto a mí mismo el porqué. Al rato llega mi papá de nuevo y se sienta. Mi mamá, que no lo ve hace años se siente incómoda y quiere esconderse, pero él le dice que no lo haga; que no hay necesidad de hacerlo. Quiere compartir ese momento con nosotros y dejar atrás todos los rencores. Despierto.
domingo, 1 de marzo de 2009
Muerte violenta
Todo lo que sucedió en este sueño fue tan rápido, tan lúcido e hiperreal, que tuve mucho miedo. Fue el segundo sueño de una misma noche.
Entro a un reconocido centro comercial de Bogotá. Dos amigos (no recuerdo quiénes) me siguen. Vamos a comprar algo y tenemos prisa. Pero a solo unos metros de la entrada nos recibe un hombre. No dice nada, ni muestra signos particulares. Es un hombre canoso, de bigote, alto y con un leve sobrepeso. Está vestido con una sudadera verde. Nos mira; saca un revolver, y sin razón aparente dispara hacia nosotros. Como acto reflejo me dejo caer para esquivar las balas. Cuando estoy en el suelo miro hacia atrás. Mis amigos están también en el suelo, heridos y ensangrentados. Temo por mi vida. Recojo mis piernas y adopto una posición fetal. Comenzo a clamar a Dios por ayuda. Sólo repeto incesanteme: "Dios mío, ayúdame".
Siento calor y humedad en mi vientre. Es sangre. Sin darme cuenta, recibí unos balazos en el abdomen, y ahora me desangro. Pienso que voy a morir. Despierto asustado y paralizado, agradeciendo que fue un sueño.
Entro a un reconocido centro comercial de Bogotá. Dos amigos (no recuerdo quiénes) me siguen. Vamos a comprar algo y tenemos prisa. Pero a solo unos metros de la entrada nos recibe un hombre. No dice nada, ni muestra signos particulares. Es un hombre canoso, de bigote, alto y con un leve sobrepeso. Está vestido con una sudadera verde. Nos mira; saca un revolver, y sin razón aparente dispara hacia nosotros. Como acto reflejo me dejo caer para esquivar las balas. Cuando estoy en el suelo miro hacia atrás. Mis amigos están también en el suelo, heridos y ensangrentados. Temo por mi vida. Recojo mis piernas y adopto una posición fetal. Comenzo a clamar a Dios por ayuda. Sólo repeto incesanteme: "Dios mío, ayúdame".
Siento calor y humedad en mi vientre. Es sangre. Sin darme cuenta, recibí unos balazos en el abdomen, y ahora me desangro. Pienso que voy a morir. Despierto asustado y paralizado, agradeciendo que fue un sueño.
Revival
La estoy besando. Hace unos días soñé que discutía con ella. Ahora atravieso una escena similar; como si se tratase de una continuación. La única diferencia es que esta vez nos besamos. Siento sus labios exactamente igual a como los recordaba; su forma, sus movimientos, el sabor de su boca; su lengua, sus dientes... Estuve un día ahí, y ahora estoy de nuevo. Toco su pequeño cuerpo con mis manos, apasionadamente y con delicadeza. No vamos a ningún lado, y no buscamos ningún sentido. No nos vamos a desprender. Despierto deseándola y queriendo volver al sueño.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)