lunes, 23 de febrero de 2009

Mi nombre en el cielo

Subo una montaña en un área más o menos selvática, en un territorio muy caliente. Es de noche y caminamos en grupo; como si se tratase de una expedición. Al parecer, quienes me acompañan, aunque jamás los había visto, equivalen a compañeros de trabajo. Me aparto del grupo mientras converso con mi hermano, quien a pesar de no estar integrado al grupo de personas, me acompaña. Estoy emocionado y comento que ese mismo día es mi cumpleaños y mi grado universitario. Después de salir de la expedición habría una gran celebración. El aire es muy limpio y fresco, y siento mucho agrado al respirarlo.

De repente el grupo se detiene a contemplar el cielo con asombro. El cielo es de color violeta; muy profundo. Parece un cielo artificial. Los astros están organizados de una manera muy extraña. Descubro unas letras al trazar una línea entre las estrellas. Miro sorprendido a mi hermano, y digo en voz alta: ¡Son mis iniciales! Un gran desconcierto me embarca, y muchas preguntas. Giran las estrellas y el violeta del cielo se intensifica. Descubro el acertijo. El efecto lo producen unos reflectores que están detrás de la montaña, y que apuntan hacia arriba.

Le digo a mi hermano que tenemos que llegar rápido al lugar de donde provienen la luces, porque ahí va a ser la celebración. Comienzo a correr, subiendo la montaña. Le pido a mi hermano que me siga lo más rápido posible. Sé que la salida se encuentra en la cima. En la subida me lastimo los pies, que ahora sé que están descalzos. Comienzo a arrastrarme hasta una pequeña grieta entre las rocas, que es la salida. Al intentar atravesarla quedo atrapado. Ya no puedo avanzar, ni retroceder. Afuera hay dos mujeres que ven mi cuerpo salir de la roca. Les pido ayuda; halan, pero no tienen la fuerza suficiente para desatorarme. Le pido ayuda a mi hermano, pero me dice que solamente un guía puede sacarme. Comienzo a pedir auxilio, y mi hermano me pide que tenga paciencia, pues la ayuda se encuentra en camino. Intento ser paciente, pero siento que comienzo a asfixiarme. Despierto.

jueves, 19 de febrero de 2009

Reclamo interior

Estamos sentados dentro de un carro. No nos movemos, pero conversamos pausadamente. Al parecer el contexto no importa. Básicamente soñé una conversación que ahora intento reconstruir. Tal como lo narró Calvino en "La aventura de un automovilista", ella será Y, yo seré Yo (por estúpido que pueda sonar), y un tercero que será Z.

-No sé qué hacer... me siento incómoda cada vez que me besa- dice Y.
-Él es muy poco sensual, y en realidad no sé qué hacer- continúa Y refiriéndose a Z.

Yo, siento mucha ira, pero la escondo tras una expresión de seriedad. Aunque la deseo profundamente, adopto la posición de amigo consejero.

-¿Qué es lo que te molesta exactamente?- pregunto yo.
-El hecho de que no sepa cómo besarme.
-¿Y por qué sigues con él?
- Porque lo quiero.

La ira que acumulo se incrementa. Todo es muy gris. "Entonces por qué, si cada vez que la besaba hablaba de lo mucho que lo disfrutaba y le gustaba, no quiso darme ni siquiera una oportunidad", pienso mientras la sigo escuchando. La rabia me despierta. Despierto a mitad de la noche odiándola y deseándola; maldiciendo en silencio.

martes, 17 de febrero de 2009

Flores de dragón

Recuerdo haber caído, y haber dejado una máscara. La flor que me había acompañado era ahora una rama seca. No entendí el porqué de su repentina transformación. El pasto sobre el que caí está húmedo. Puede ser de noche, o puede ser de día. El cielo está negro y estrellado, pero la escena la cubre una luz blanca; como si estuviera el sol. Me levanto, y camino. Yo no soy yo. Soy el personaje central, pero no se trata de mí como persona. Podría ser un actor, o el protagonista de una película. Camino en línea recta, en campo abierto. Al fondo hay unas plantas enormes que se mueven. Sus flores son como dragones (tal como se vio en Coraline). Se mecen de un lado a otro, haciendo movimientos ondulatorios desde las raíces. Lo único que se me ocurre pensar es que (como en una película) son gráficas generadas por computador de muy mala calidad. De hecho, se ven absolutamente irreales. Decido seguir caminando, y a medida que me acerco las plantas se convierten en poliedros transparentosos que se funden en el contexto hasta desaparecer. Sigo caminando y veo que criaturas imaginarias aparecen y se funden cada vez que me acerco. recuerdo haber visto un unicornio, un monstruo peludo, y otras cosas. Sólo acierto a preguntar: "¿Qué es esto?". Despierto confundido y parcialmente avergonzado.

Cama roja

Este sueño lo tuve hace dos noches. Fue mía hace algunos años, y volvió a aparecer. Está sentada sobre mi cama, esperando algo. Siento que me puedo acercar con confianza y lo hago. Comienzo a acariciar su cabello con un cierto aire de dulzura y una pequeña cuota de deseo. De hecho, podría jurar que me incita y me seduce. Cuando decido acercarme, noto que mis manos y mis brazos están cubiertos de sangre. Hay sangre sobre toda la cama. Ella también está cubierta de sangre... su sangre. Se está desangrando, y da un salto hacia atrás muy atemorizada. Me mira. Veo su rostro lleno de sangre. Sale de la habitación. Me quedo sentado pensando, mi universo está cubierto de rojo. Siento la sangre sobre mis manos mientras se seca y se endurece. Despierto.

*Ese mismo día, y por casualidad, murió su abuela; una de la personas más cercanas a ella. Lo sentí porque de verdad la quiero.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Llamada perdida

Estoy en medio de una sala de computación, a la que relacioné con un salón de la universidad. Estoy con tres personas más: amigos, compañeros. Los reconozco. El ambiente del salón es frío y blancuzco. Nos reímos y nos perdemos en la conversación.

Siento la vibración del teléfono celular y lo miro antes de pensar en contestar. Es ella. La mujer con quien corté vínculos completamente después de una compleja y accidentada relación que duró casi año y medio. No era su número habitual, sino el número de su casa, de donde solía llamarme cuando vivíamos en ciudades distintas y nos enamoraba la magia de la ausencia. Lo primero que pensé fue que había regresado a su ciudad. Quise contestar, pero cuando intenté hacerlo la llamada se había perdido. Volví al salón del que nunca salí, molesto y confundido. Despierto.

Hace más de un mes que no sé absolutamente nada de ella. Y en el fondo lo agradezco.

martes, 10 de febrero de 2009

La mesa redonda

Lo primero que pensé al despertar fue: "Acabo de tener un sueño y lo estoy olvidando". ¿Pero qué fue eso que soñé? Intenté hacer memoria para reconstruirlo, y tras un gran esfuerzo de concentración y de reparar imágenes fragmentadas, fue esto lo que logré recordar.

Estoy en un restaurante o en un café. Sé que es un lugar público porque percibo gente a mi alrededor. No hay acción, ni acontecimientos; sólo espacio. Estoy sentado en una mesa de madera oscura, muy grande y circular. La superficie sólida es muy gruesa, y por su apariencia parecería muy pesada. Estoy acompañado por una amiga; sé exactamente quién es. Pese al gran tamaño de la mesa, ella está muy cerca a mí. No hay comida ni bebidas sobre la mesa. Solamente nuestros brazos que se mueven mientras conversamos.

Sostengo un objeto con mi mano izquierda, que no recuerdo exactamente qué es. Tengo dos versiones en mi mente cada vez que intento recordarlo. Apenas desperté, pensé que había sido algo semejante a un cuchillo. Pero cada vez que lo pienso se asemeja más a una baraja o algo relacionado con el azar.

Soy un doble observador de la escena. Puedo ver todo desde arriba: la mesa redonda, la cantidad de sillas vacías que la rodean, las únicas dos que están ocupadas, el objeto sobre mi mano; pero sé que soy el individuo que conversa con su amiga. Todo está cubierto por un filtro verdoso. Despierto.

lunes, 9 de febrero de 2009

Espacio para soñar

Espacio para soñar.