domingo, 1 de marzo de 2009

Muerte violenta

Todo lo que sucedió en este sueño fue tan rápido, tan lúcido e hiperreal, que tuve mucho miedo. Fue el segundo sueño de una misma noche.

Entro a un reconocido centro comercial de Bogotá. Dos amigos (no recuerdo quiénes) me siguen. Vamos a comprar algo y tenemos prisa. Pero a solo unos metros de la entrada nos recibe un hombre. No dice nada, ni muestra signos particulares. Es un hombre canoso, de bigote, alto y con un leve sobrepeso. Está vestido con una sudadera verde. Nos mira; saca un revolver, y sin razón aparente dispara hacia nosotros. Como acto reflejo me dejo caer para esquivar las balas. Cuando estoy en el suelo miro hacia atrás. Mis amigos están también en el suelo, heridos y ensangrentados. Temo por mi vida. Recojo mis piernas y adopto una posición fetal. Comenzo a clamar a Dios por ayuda. Sólo repeto incesanteme: "Dios mío, ayúdame".

Siento calor y humedad en mi vientre. Es sangre. Sin darme cuenta, recibí unos balazos en el abdomen, y ahora me desangro. Pienso que voy a morir. Despierto asustado y paralizado, agradeciendo que fue un sueño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario